sábado, 10 de marzo de 2007

Oscar

Oscar es el hermano de Héctor, el más cercano a él. Es apenas un año y medio mayor, crecieron juntos.

Dice Doña Leonor que parecían gemelitos. (Roberto, el otro varón de la familia, es
mayor por 10 años, así que con quien Héctor compartió juegos, escuela, parrandas y habitación fue con Oscar).

Me cuenta que mientras Oscar era inquieto, travieso, aventurado y rebelde, Héctor era más bien callado y tranquilo, pero admiraba las destrezas de su hermano.

Vivían en un quinto piso de la calle Antonio Caso, y ahí, según la descripción, en la azotea había una especie de cubo de luz (cuyo fondo eran los mismos cinco pisos); por ahí, dice, Oscar cruzaba de un extremo a otro descolgándose por un tubo, sostenido sólo por la fuerza de sus manos.

Héctor, intuyo, siempre quiso imitar la hazaña pero no se atrevió, y Oscar no tenía miedo.

Yo me lo imagino como un Tarzán citadino, haciendo piruetas, retando a la lógica, columpiando por la ventana sujetado del cordón de la cortina, no sé, algo así.

Y me lo imagino diciendo que ya hizo la tarea para salir a jugar; pienso que era peleonero, de trompicones, enojón y rebelde, pero lo veo siempre acompañando al hermano menor, vigilándolo, enseñándole a jugar canicas sin mano negra, de huesito, porque de uñita sólo las mujeres.

De cocol lloran, me dice el doc, cuando me cuenta su juego de cuirias. Y sé que piensa en Oscar y lo recuerda celebrando el triunfo.

Me ha contado muchas cosas de su hermano, de cuando eran niños; de cuando iban a la escuela; de las fiestas de "luz y sonido"; de cuando llegó a salvarlo de una cuenta no pagada en el Aladino's; de cuando "voló" en un Mustang; de cómo rompió la puerta del baño porque se quedó encerrado y se le hacía tarde para ir al aeropuerto, creo que en su primer viaje a Los Cabos.

Dice Héctor que por años tuvo el sueño recurrente del edificio de Antonio Caso, de aquella descolgada temeraria. Y cada vez que lo soñó se ponía nervioso (quizá aún lo sueña).

Ja, también me contó que Oscar se fue una vez de casa: habrá tenido si acaso seis años. Que se enojó, juntó algo de ropa y se fue. De noche.

Ya me da una idea del genio del arquitecto ese recuerdo infantil.

Oscar es un tipazo. Es un arquitecto grandote, acelerado, divertido, generoso y práctico.

Se fue a vivir a Cabo San Lucas hace algunos años. Dice que iba para hacer un edificio. Acabó haciendo más de 20 y se quedó a vivir allá.

Tiene una hija hermosa, Cristy, quinceañera, bonita, inteligente y muy aterrizada, además de ser trabajadora. Yo, la verdad, me la imaginaba mimada y callada. Es todo lo contrario, una jovencita independiente, sensible y madura.

Ahora mismo, Héctor está de vacaciones con ellos: con Oscar, Cristy y Rocío, la esposa de Oscar.

Las fotos que incluyo son de años anteriores, algunas hace más de cinco o seis, porque no hay fotos de este año, aún.

Rocío, la cuñada de Héctor, lo trata como a un hermano también. Me gusta el modo en que lo quiere y se preocupa por él. Ella y Oscar se casaron hace 20 años.

En diciembre, mi cuñado estaba todo el día repitiendo: mañana es mi aniversario, mañana es mi aniversario, cumplo 20 años de casado. Y sus ojos se iluminaban cuando lo decía. Y manejó sin parar, y habiendo dormido poco, desde Tlaxcala hasta Querétaro para reunirse con su compañera.

El amor de ellos y la unión que percibo en su matrimonio son bonitos, esperanzadores.

Cuando andábamos paseando por las callecitas de Querétaro, hace unos meses, Héctor me dijo al pasar por el Templo de la Congregación de Guadalupe: aquí se casaron Oscar y Rocío (espero que no se haya confundido, si no, ya vendrán las aclaraciones).

El Templo de la Congregación es bonito, barroco, de cantera rosa, enorme. Tiene un órgano majestuoso, del siglo ¡antepasado! (ja, antes se podía decir siglo pasado y parecía algo muy viejo); el dichoso órgano sigue funcionando a la perfección y hace un par de años tuve el gusto de asistir ahí a un concierto lindo, con dos coros de gran calidad.

Pero volviendo al buen Oscar. Es un hombrón del que podría yo decir muchas cosas buenas. El amor por su hermano menor es admirable, la dedicación con que lo atiende, el cariño con que lo cuida, y los esfuerzos constantes que hace por velar para garantizar su bienestar, son en verdad dignos de respeto y admiración.

Es un hermano como pocos. Antepone quizá a sus propias necesidades y gustos, los antojos o deseos y peticiones de Héctor.

Además, es también un buen hijo. Dicen por ahí que el favorito de Doña Leonor. No me sorprendería, pero hace mucho por mantener ese cariño. Está pendientísimo de su mamá. La llama por teléfono, la consecuenta, la aconseja, la protege, la mima, la ayuda, la acompaña aún estando tan lejos. Y voló en un viajerelámpago para pasar con ella el día de su cumpleaños.

Doña Leo cuenta los días del año esperando que se llegue la fecha de viajar a Los Cabos; es su tema favorito de conversación. La imagino ahora, feliz, tranquila, sin dolores, sin azúcar inestable, sin presión alta, sonriendo y dejándose querer. Orgullosa de sus niños, junto a ellos, y viendo con amor cuánto se quieren esos dos.

Y Cristy espera también con emoción la hora en que llegue "Bolita" con el tío Héctor, para sentirse en familia, y apapacharlos y que le cumpla su abue el antojo de huevitos rancheros con salsa verde, de ésa que sólo a ella le queda perfecta, de la misma que la niña Cristy pide un envío especial desde Ciudad de México hasta Cabo San Lucas.

El amor de hermanos que hay entre los García chicos no es fácil de decir. Oscar se desvive, hace cuanto está a su alcance tratándose de Héctor. Le da unas vacaciones espectaculares, un mes cada año. Lo cuida como a un bebé y bueno, también lo alcahuetea, que ni qué.

Estando en Cabo San Lucas, mi doctor es un chamaco consentido, paseador, parrandero. Tiene la compañía de tres amigos cómplices: Alejandro, Juan y Jerry. Creo que Juan es El Pato. No sé, me confundo a veces con tanta información.

Sé que con los años, Héctor ha fortalecido lazos muy sólidos de amistad fraterna con aquellos hombres, que juntos se las arreglan para cumplir la chamba y andar de vagos por todos los rincones de ese paraíso, mezcla de mar y desierto, en la mera puntita de la península de Baja California.

Salen a ver chicas guapas, obviamente. Mucha piel al sol. Se ingenian para que Héctor participe de todo: inventó Oscar una solución para llevarlo a pasear en la cuatrimoto; se van a ver las ballenas en el catamarán; y andan como inspectores de restaurantes, nomás comiendo.

Me encanta el regalo que Oscar le da a su hermano. Y le encanta a Héctor, por supuesto. Se siente muy respaldado y protegido por su carnal, que es en verdad un ángel guardián, un hombre como pocos.

Gracias, cuñado, por ser el gran hombre que eres. Gracias por tu generosidad, tu corazón, tu espíritu, tu constancia y tu compañía. Gracias por ese incuantificable amor que sientes por tu hermano.

Sé que él es secote y callado, pero deberías ver su cara cuando habla de ti, yo te digo lo que seguramente él se aguanta por macho, te quiere mucho, te adora, y sabe que siempre estarás con él, que jamás dejarán de estar juntos.

Te quiero yo también, y Mariano te manda un beso,

Ana Silvia,
desde Cuernavaca, en una noche de lluvia fina, fresca.


lunes, 5 de marzo de 2007

Se adelantó la primavera

Hace ya unos cuantos días que las ventanas están abiertas de par en par, y serán cerradas hasta que lleguen "las aguas". Mientras, el sol inunda la casa; y afuera, en el jardín, el pasto está crecido y fuerte; el naranjo se ha llenado de racimos ahora verdes y suelta flores de azahar cada mañana, dejando perfumado el día.

Héctor no está aquí y eso le quita un poco de encanto al paisaje; no obstante, me ha ganado el sentimiento de pintar con palabras el cuadro hermoso que me regala la vida cada mañana de este marzo en que despierto sola.

En Cuernavaca no se le pusieron fechas a la estación y se planta casi todo el año, pero ahora, me impresiona, llegó brillante, impúdica, maravillosamente cálida.

Llenó el cielo de golondrinas, y pintó de rosa y lila la geografía de mi ciudad.

Cuando Héctor y yo estamos juntos, (a veces las circunstancias lo impiden y él alterna su vida en el Distrito Federal con sus estancias en Cuernavaca), cuando estamos juntos tratamos de hacer más vida fuera de la casa que encerrados. Incluso comer o desayunar y, si se puede, cenar en el jardín.

Me fascina su mirada de amor por todo, su asombro ante una catarina, su alegría por mojarse con la manguera en pleno abril, o su miedo/sorpresa de verse de pronto recostado sobre una manta en el pasto para contemplar el cielo, sus nervios en el jardín por sonidos de insectos que no le son familiares. A veces se denota como absolutamente citadino.

Cuernavaca es ciudad pero más parece un pueblo grande, un pueblo con aspiraciones de ciudad, le dijeron una vez. El sol es brillante, el cielo azul, hay mariposas y golondrinas, miles de flores coloridas. Hoy he visto decenas de primaveras floreando, árboles que pasan los diez metros de altura, sin una hoja verde, con macizos cuajados de flores rosas colgando orgullosas.

También hay muchas jacarandas, pero curiosamente este año, domina el paisaje la primavera rosada, lapacho le llaman en otros países. Aquí hay rosas y amarillas, pero hasta ahora en cada calle, en cada rincón, se ven las flores preciosas de las primaveras rosas. Cómo quisiera que el doc estuviera aquí, conmigo, que en cada ida a dejar a Mariano a la escuela, y en cada regreso por la tarde, nos entretuviéramos mirando árboles, tratando de decidir cuál es más majestuoso.

Hay una casa en pleno centro, se dice que fue propiedad del presidente Plutarco Elías Calles. Es una casa magnífica, colonial preciosa, con un jardín de ensueño visible desde la avenida. Hoy me complací al mirar sus árboles perfectos, altísimos. Alternando con esbeltas palmeras, la primavera dominaba el cuadro. Quiero que la veas, Héctor, necesito que me acompañes.

Eso es para Héctor, uno de los mejores regalos que puedo darle, compartir mi vida y mi paraíso.


El a mí me da muchos más regalos, pequeños diamantes en el brillo de sus ojos, y dulces besos cuando se pone de pie con mi ayuda, cuando se sostiene apoyado en mi abrazo, yergue su espalda y puedo mirarlo alzando la barbilla, cuán alto es, y me dice "chaparrita".

Es noche cálida, marzo y yo sin tus abrazos.

Te extraño, cielo, no tardes en volver,
Ana

viernes, 16 de febrero de 2007

Bruno, mi amigo fiel

Mi perro es mucho, muchísimo más que una mascota. Su compañía ha significado mucho en la construcción de mi estabilidad emocional. Empíricamente, me he beneficiado de la compañía de Bruno. Sus actitudes de lealtad y cuidado a mi persona me han hecho sentir útil y amado, plenamente aceptado.

Cuando tiene miedo, está cansado, o simplemente quiere dormitar, se acomoda bajo mi silla de ruedas, y desde ahí se convierte en mis otros ojos y oídos. Me avisa en cuanto alguien se acerca a la puerta y por su actitud me deja adivinar de quién se trata. Por las noches, calienta mis pies con sus 38.5 grados de temperatura corporal; mejora mi circulación con su cercanía.

http://www.123.cl/.../diario_mural/articulo_1002_a.html
Asociación que trabaja con niños autistas en Chile
En países como Chile, España y Estados Unidos, los perros de asistencia pueden ser parte fundamental en terapias de recuperación para discapacitados. Su amor incondicional inyecta ánimo. En México, a saber mío, no se ha adelantado en esta área, pero yo doy mi testimonio de la invaluable ayuda que mi perro me ha brindado.

Desde hace ocho años estoy en una silla de ruedas y soy cuadrapléjico.

He tenido varios perros en mi vida, y cada uno de ellos ocupa un lugar en mi corazón, pero Bruno, a quien llamo mi hijo, ha sido mi compañero los últimos ocho años, periodo en que perdí la capacidad de moverme y valerme por mí mismo. La enfermedad me llevó a dejar la práctica de mi profesión y me recluí en casa para aprender de mi nueva vida.

En este proceso, Bruno ha sido parte importantísima, y un gran apoyo para valorar la vida.

Es un Schnauzer miniatura negro platino. Nació en noviembre de 1998, es muy dócil, sumamente paciente, de buen temperamento y disfruta, aún cansado por la edad, de juegos infantiles.


Es mi mejor amigo; me conoció caminando en andadera y ha vivido conmigo mi enfermedad, la pérdida de mi movimiento y en mis momentos de ansiedad y depresión, su amor me ha dado gran consuelo. Siempre ha sido fiel guardián y excelente compañía, muy cariñoso, paciente y obediente. Lo entrené en la medida que me lo permitió mi enfermedad, y él hizo su parte para convertirse en un perro bien portado.

A causa de mi discapacidad no puedo atenderlo personalmente en sus necesidades, como sacarlo a pasear; y ese trabajo ha sido encargado a diferentes personas: familiares y de servicio doméstico.

Hoy está perdido, y la zozobra del no saber qué le ha pasado -aunada a mi sentimiento de impotencia- me tiene sumamente triste.

El martes 6 de febrero de 2007, mi sobrino de 10 años de edad lo llevó con él y lo ató mientras jugaba pelota cerca del Deportivo Gran Libertador, en la Unidad Lomas de Sotelo del Distrito Federal; al terminar el juego, se dio cuenta que Bruno no estaba pero no lo buscó de inmediato, pensando que había regresado al departamento. Es la hora en que no sabemos aún nada de mi amigo fiel.

Estoy muy triste y angustiado por pensar en tantas posibilidades, pero lo más desesperante es mi imposibilidad de salir a buscarlo personalmente en cada calle, por todos los lugares posibles. Por eso pido la ayuda de quienes como yo, aman a los animales y luchan por evitarles el sufrimiento.

El es mucho más que una mascota, es un aliciente y una parte insustituible de mi vida. Si alguien lo ha visto, por favor llame al 53 95 14 83.

http://colaboraonline.risolidaria.org/index.jsp
Entrenamiento de perros de ayuda

domingo, 11 de febrero de 2007

SE BUSCA

Esta semana se perdió mi perro Bruno.

El martes 6 de febrero por la tarde lo sacaron a orinar cerca del Deportivo Gran Libertador, en la Unidad Lomas de Sotelo, al norte del Distrito Federal. De ahí se perdió y hasta este día no hemos sabido de él.

Estamos poniendo anuncios y volantes por la zona, pero también subí los datos a una página de perros extraviados. Creo que cualquier esfuerzo por buscarlo será útil, incluso en colonias o rumbos alejados a donde se extravió. Por favor, reenvíen el anuncio. Me siento muy triste por no saber qué pudo pasar con él.

Bruno es un Schnauzer miniatura negro platino, de 8 años de edad, muy dócil. Tiene las orejas completas y cola corta. Ha perdido 4 dientes y en la nalga derecha tiene un quiste del tamaño de un chícharo. Llevaba al momento de perderse, collar y correa azul eléctrico, de nylon. NO lleva placa y el pelo apenas está creciéndole. Lo raparon hace 4 semanas, con el corte marcado.

Aquí están los datos para comunicarse si alguien lo encuentra: http://www.perrosextraviados.org/impresion.cfm?id_registro=5916

GRACIAS, de verdad les pido su ayuda.

sábado, 10 de febrero de 2007

Cómo me siento... cómo me perciben

Me considero una persona normal, con una gran oportunidad de resolver problemas y situaciones que nunca hubiera pensado. Y probablemente nadie ha pensado enfrentar algo así.

Mis hijos y yo
Con los años, al paso de la enfermedad y sintiendo los cambios en mi cuerpo y en mi vida, me he dado cuenta de muchas cosas que la gente no ve, cosas que son tan sencillas y dan mucha felicidad a las personas: la principal es la convivencia en familia. En mi caso, mis familiares, aún sin desear hacerlo, padecen la enfermedad conmigo.

Familia García en Año Nuevo 2006
En cada momento que vivo descubro nuevas pequeñas maravillas que antes me pasaban desapercibidas, como supongo sucede a la mayoría de las personas.

Una sonrisa, un afectuoso hola, el encuentro con un nuevo amigo, el reencuentro con un compañero, el abrazo de un niño, el saludo de un desconocido, la ayuda desinteresada de gente que jamás he visto, o los parabienes de aquellos que me ven pasar a su lado, son momentos y sucesos inolvidables que me invitan a querer ser recíproco, a brindar ayuda, a formar parte de.

Me siento agradecido con la oportunidad de redimens
ionar la vida misma, y muy afortunado de estar vivo para seguir aprendiendo.

Con Michelle, mi hija de corazón

A mi alrededor suceden muchas cosas maravillosas que disfruto mucho: yo soy parte de otras vidas, y otros están permanentemente unidos a mí en mi diario ser y estar.

En este espacio, he invitado a mi pareja para que comparta su sentir y su ver de la vida a mi lado. En 16 meses juntos, ella ha compartido mis días buenos, y ha estado en los mejores, pero también me ha visto flotar en los días difíciles, y sin duda, ha sentido en carne propia mi neurosis e intolerancia. De muchos días a mi lado le han quedado ganas de poner en letras nuestra vida, y hoy comienza a transcribir en mi página algunos de sus pensamientos para que me vean a través de los ojos de ella.

Quizá más adelante, si lo consigo, otras personas cercanas a mí -mis hermanos, mi familia toda, mis amigos, mis colegas- me permitan conocer y compartir su visión sobre mi persona.

La vida con Héctor

Soy una mujer afortunada por tener un hombre ejemplar a mi lado.

De Héctor he aprendido tanto de la vida y de mí misma, que a veces no me reconozco en las palabras o las actitudes que me eran desconocidas y hoy se me han vuelto usuales. Descubrí que las cosas más pequeñas pueden ser las más hermosas. Encontré que puedo ser más y mejor de lo que nunca fui: a su lado soy mujer, compañera, amiga, cómplice, escucha, amante y amada. Me siento inmensamente feliz cuando me mira. No me falta nada teniéndolo conmigo.

También soy quien le provoca perder los estribos en apenas dos segundos, pero -dice- igual con un beso puedo hacerlo recuperar la cordura. Claro, tras unos cuantos gritos.

Estar con él me ha motivado a escribir infinidad de letras, de las que compartiré algunas en su página, tal como él dice, del modo en que lo ven mis ojos.

Enamorada, Ana Silvia

lunes, 15 de enero de 2007

¿Quién ha necesitado ayuda?

El Teletón...
...es quizá uno de los proyectos altruistas más publicitados por ser obra directísima de Televisa, y llega al último rincón, al más inhóspito de los lugares de nuestro país.

¿Mueve a sentimientos de solidaridad mediante reportajes? Pues sí... ¿Y acaso no es ésa una de las principales funciones de la comunicación? Persuadir es un arte.

No hay engaño
, no puede haberlo. Es conveniente para todos: para Televisa porque fortalece su presencia; para los patrocinadores y donadores porque cumplen una función social y fiscal (quieran o no) favoreciendo la imagen pública; y, desde luego, beneficia inconmensurablemente a los que reciben la rehabilitación y a sus familias. Genera además fuentes de empleo y brinda esperanza, hace consciencia y blablabla, pero como dicen: no llega a todos los sectores realmente necesitados, aunque cubra una parte vital e importante de la sociedad que antes era relegada.

Teletón atiende a niños y jóvenes, quizá por ser un grupo
de facto muy vulnerable, y por ser beneficiarios que reportarán resultados a largo plazo...

Yo soy discapacitado...

También habemos personas con requerimientos similares en edad adulta, a quienes el Teletón llega indirectamente y ayuda en el ánimo al ver que hay gente solidaria con causas ajenas.

En casos como el mío personal, de pronto un día, por accidente o enfermedad, de ser un adulto activo, proveedor, útil y económicamente productivo pasé a ser dependiente física, económica, moral y emocionalmente. La tarea cuando alguien se vuelve dependiente recae en la familia -o en la pareja- que en ese momento no está preparada para eso.

¿Quién lo estaría?

Dependo de quienes me rodean...
El discapacitado, de ser soporte pasa a ser consumidor, y no un miembro común de la familia.

Las necesidades no son únicamente de vestido, casa y sustento; los requerimientos se extienden en un listado interminable para la sobrevivencia, comenzando con atención médica especializada, luego con la terapia física asistida; de ahí a conseguir herramientas que pueden ser tan comunes como una silla de ruedas (básica e indispensable) o tan sofisticadas como un vehículo adaptado (en caso de haber los recursos).

Nunca acaba mi lista de peticiones...
Las necesidades son tan multiplicadas a causa de la parálisis que la tarea de la familia o los cuidadores se vuelve agotadora en todos los sentidos.

Quienes hemos perdido habilidades físicas, mentales o motrices necesitamos cuidados personales y permanentes, no podemos vivir solos, no podemos hacer nada por nosotros mismos, ni siquiera alimentarnos o beber agua, mucho menos cuidar nuestro aseo personal o resolver necesidades tan cotidianas y simples para los demás como abrir una puerta o prender la luz, entre mil detalles más. Al grado de espantar un mosquito que me pique o quitarme una pestaña o un cabello sobre la cara, que me enloquece.

¡Realmente de vida o muerte!
Absorbemos la vida de quien comparte nuestra casa. Ellos deben hacer todo por duplicado -¡o triplicado!-, para sí mismos y para quienes vivimos con sus atenciones y cuidados.

Pero si la familia se desgasta pueden suceder dos cosas que resultan en desenlace trágico: la indiferencia en la atención mata al dependiente que no cuenta con ayuda tras haberse dañado su carácter hasta la intolerancia o la locura y, por supuesto, tras haber agotado cualquier salud.

La segunda cosa terrible en que se puede caer es resultado del desánimo y la depresión en el paciente, que se vuelve indolente consigo mismo y no avisa a la familia de sus necesidades, deja de tener ganas de vivir, no reporta avances en el daño, no se queja, no pide, no dice, no come, no va al baño, hasta que muere por no importarle la vida.

Y eso no es todo...
Mi manutención y atención suman cifras elevadísimas: recibo un medicamento cuyo costo comercial es de aproximadamente 20 mil pesos mensuales; una hora de terapia física me costaría (si pudiera pagarla) 450 pesos; un cuidador cobra alrededor de 300 pesos el turno de ocho horas (tampoco lo tengo); mi silla de ruedas (que ni es la idónea para cuadraplejia ni la más cara) debe costar casi cinco mil pesos en el mercado, y me parece que le queda muy muy poco tiempo útil porque voy dejándola a pedazos en cada trayecto.

Enseres, aditamentos y productos para que esté confortable y saludable en cuestiones de acomodo, higiene y prevención de complicaciones nunca terminan de conseguirse: una dona ortopédica, 140 pesos; una zalea de borrego, 700 pesos; las dosis de cremas, pastillas, laxantes (gastroprocinéticos para que no se oiga feo), hipoalergénicos y profilácticos especiales y habituales, ya no me alcanza la cuenta.

Recibo atención médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, que me proporciona consultas y medicamento que próximamente serán disminuidos. He solicitado mi pensión por invalidez pero me fue negada. Deberé tramitar una apelación y pedirla nuevamente. No dispongo de un patrimonio personal, de ningún ingreso, de ninguna prestación económica.

He recibido ayuda de una Institución de Asistencia Pública también. En la Asociación Mexicana de Esclerosis Múltiple -patrocinada parcialmente, al igual que el Teletón, por el Monte de Piedad- participé de terapias físicas y grupos de apoyo mientras me fue posible.

Tengo un hermano del que dependo casi enteramente en lo económico: él provee, y con el amor de su hija y esposa, comparte generosamente el resultado de su trabajo (desde el amanecer) para soportar la carga; tengo una madre de 80 años con sus propias dolencias, que ha pasado más de dos décadas cuidándome y acompañando mis recorridos por consultorios, hospitales, centros naturistas.

Mis hermanas han turnado la atención de sus propias familias con mis cuidados; toda mi familia ha vivido la enfermedad a su modo, a mi lado, y me han visto pasar de ser un médico divertido y obsesionado con su trabajo a convertirme en un hombre reflexivo, pacifista, paciente, analítico y positivo (no me estoy haciendo publicidad, eh) por la inmovilidad a que me llevó la esclerosis múltiple.

No construí mi propia familia en edad temprana, primero por convicción y después por condición. La incertidumbre y lo impredecible de mi enfermedad me volvió cauto respecto a la pareja, pero hoy a mis 43 he probado a ratitos la vida en familia (no le estoy haciendo publicidad a mi novia, eh). Mi compañera es la única que en realidad tomó el riesgo de vivir sumando a su artritis mi esclerosis múltiple (aunque no tenía la menor idea ni preparación). Y si lo digo no es para que digan "ay, qué buena", que al contrario, sin el carácter que se carga no podría hacer mucho de lo que hace.

Ella eligió incluir en todas sus actividades cotidianas el llevar una silla de ruedas y caminar por calles sin rampas ni accesos adecuados, estacionarse en el último lugar marcado que algún no tan perezoso tuvo a bien dejar libre (aquí me pregunto si en realidad en todos lados los estacionados en marcas azules lo requieren).

Compartimos la dicha de un hijo que llegó a mi vida con 3 años recién cumplidos y me enseña cada día que vivir con discapacidad en casa no es tragedia. Él expermienta la ayuda que recibo en mis andares por las calles: sabe que siempre habrá alguien dispuesto a hacer su buena acción empujando mi silla, ayudando a mamá cuando me mueve o simplemente adelantándose a abrir la puerta para facilitar mi paso. Él lo agradece a veces en mi nombre, cuando el contacto visual me es imposible por mi posición limitada. Me trata como a cualquiera pero me considera como a nadie.

Mi familia, mis amistades y mi pareja
me sustentan en la diaria lucha por vivir. Perdí muchas cosas en estos años. El ejercicio de mi carrera se debió detener, aunque no al 100 por ciento; mis actividades se limitaron extremadamente (dice mi colega el Dr. Paz que por flojera).

Mi vida cambió absolutamente:
la de mi familia también. Y ciertamente ellos no pidieron vivir esta experiencia. Nos ha cambiado la discapacidad.

Un pilar en mi existir
Mi piedra angular, mi cordura, mi voluntad, mi entereza y mi confianza en la vida es Dios; sin la fe ni la convicción de la presencia de mi Padre Celestial en cada segundo de mi vida yo no sería quien soy. Él es mi pastor, conforta mi alma, no temo mal alguno, aunque ande en valle de sombra de muerte (Salmo 23).

Soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (no la juzguen por mis errores, que son de hombre). Mi madre, mis hermanas, dos de mis sobrinos y mi novia también lo son; en nuestra fe he encontrado fortaleza, consuelo y apoyo.

Hoy he decidido comenzar una nueva etapa, de utilidad para mí, para mis compañeros en esta lucha y para todos aquellos que viven situaciones en las que se requiere la ayuda de los demás.

He visto con preocupación que la familia de los discapacitados vive igual o más gravemente la limitación, y para facilitar la tarea de cuidarnos, apoyarnos y mantenernos vivos es determinante que alguien se ocupe de ellos al igual que de nosotros.

Requerimos todo cuanto esté al alcance para mejorar nuestra calidad de vida como discapacitados. Requerimos apoyos no solamente en cuestiones materiales, que desafortunadamente son muchas. Requerimos especialmente que nuestras
parejas, hijos, padres, hermanos, familares y amigos estén enteros y en bienestar para acompañarnos y ayudarnos cada día.

La salud emocional, espiritual y física de las familias que viven la discapacidad en sus hogares es fundamental. La preparación y el apoyo de otros son indispensables.

Para ellos, para ustedes, para mí, para nosotros, comienzo hoy la tarea de crear una fundación de ayuda para discapacitados y sus familiares. La familia es base y meta de la vida.

Por una mejor vida en familia comienzo a andar este camino.

Tocaré con las manos que me presten cuantas puertas sean necesarias.

Caminaré con los pies de otros los kilómetros que haga falta (y no es por flojera).

Agradezco a mi Padre Celestial por aliviar mi cansancio; le doy gracias por esta prueba que me permite hoy ayudar a quienes como yo necesitamos de todos; pongo mi vida en su voluntad, y pido su bendición para que mi paso por el mundo sea útil a otros, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Héctor Manuel García Caballero

Enero 14, 2007.

jueves, 11 de enero de 2007

Mi álbum familiar

Don Roberto García Gallardo

Doña Leonor Caballero Miranda







Leo y Oscar García Caballero, Pancho Ramírez, Cristy García, Ale Anzaldo, Doña Leo y yo


Leonor A. García Caballero,
hace muchos años







Laura I. García Caballero,
Macarena López García,
y Leonor, al paso de los años,

diciembre 2005


Leo








con Alejandra Anzaldo García, su hija








Nancy García Pérez, Leo y yo



José Roberto García Pérez







Rocío Cristina García González











Valeria Michelle Armas García
y Francisco Javier Ramírez García


Ale, Miche y yo



Nancy con Miche, su hija








Doña Leo con su bisnieta, Miche





Sufriendo en "El Mango",
en Cabo San Lucas





Atardecer en el Arco de San Lucas,
Baja California, 2003



En 1998, en el "Shrimp Bucket",
Cabo San Lucas








1997, en la clínica veterinaria






Mariano García Caballero Barajas
Alias "Chus"

miércoles, 5 de julio de 2006

Con los nomios en contra

Lo de mi relación con Héctor, sí comenzada por Internet ya ha sido tema de conversación en más de una ocasión -y no siempre yo enterada-; a todos les ha dado por hablar de ello, y dudo que a favor la mayoría de las veces.

Comienzan cuestionando lo inverosímil de un noviazgo a partir del contacto ciber. Pero bue... tú sabes que él, por razones terapéuticas (ja, qué gran excusa) pasa conectado horas y horas; sabes también que es un liso (no soy la primera que cae); sabes que tiene hecho su modo web; y sabes que yo me volví compulsiva de la red el año pasado. Dadas esas condiciones, inició nuestro contacto y después nuestra amistad, hace ya nueve meses.

Luego, se preguntan cómo podemos vivir juntos (a veces me lo pregunto yo también)... Afortunadamente, nuestro noviazgo web duró muy poco, apenas unas semanas; pero nos fuimos muy rápido: al mes de conocernos personalmente, ya estábamos compartiendo casa. Me gusta vivir con él, y es buen ejemplo para mi hijo. Hemos ido logrando poco a poco acostumbrarnos a ser familia... tenemos una armonía linda en casa.

Pasa algo muy curioso cuando Héctor está aquí, que por temporadas no está. Los amigos de Mariano suelen ser niños y niñas más grandes que él, preadolescentes casi todos, y tienen algo en común: ninguno tiene papá en casa, sí hay figuras paternas pero no un papá. Y el doc, como ellos le dicen, se ha convertido en un buen aliado para ellos, lo buscan para hacer la tarea, juegan en la computadora con él, lo consienten mucho, le ayudan, y obviamente le traen a sus perros a revisión (ay, hasta quieren convertir mi jardín en pensión y estética de perros en las vacaciones).

Hicieron una fogata y quemaron bombones (de paso, ahumaron la ropa recién lavada de la vecina); preparan palomitas; ven películas; en fin, de pronto tengo familia de cuatro o cinco hijos: Mariano es siempre el más consentido, en las piernas de Héctor, chipileado y disfrutando de la chorcha, pero se pone las pilas cuando es hora de cenar (pan francés, el menú favorito de todos mis hijos) y prepara mesa de fiesta con ayuda de sus hermanas. Tengo una familia linda.

Los nomios,

con todo y mi entusiasmo, van en contra. Pocas opiniones -más bien sólo dos- me dan esperanzas en mi relación: le apuestan más al fracaso. Hasta he llegado a creer que lo desean. Mis hermanos, mi madre, mis amigas, mis vecinas, hasta las muchachas que me han ayudado en casa estos meses, van por la tendencia de que me salga de esto.

Así que, amiga, no te sientas mal de hablar de eso... Estamos de moda.

miércoles, 28 de junio de 2006

¡Creo que soy Magdalena!

Desde Cuernavaca, Ana se confunde...

Amiga de Yucatán: yo no había ido a lavar el coche en lavados ultra rápidos, y es excelente opción. Hasta barata: miércoles $40 al dos por uno (lástima que no tengo otro coche). No sé cuánto cuesta por allá el servicio.

Veo que algunas cosas nos son comunes. Bendita provincia... Aquí en la calle se venden ramos de alcatraces, girasoles, lilis y un montón de flores, además de las consabidas rosas. Pero lo más común es que la gente tenga plantas -y flores- en sus propias casas. Yo tengo aves de paraíso, lirios, agapandos, clavellinas, rosas y, por supuesto, bugambilias, pero mariposas como la tuya, aquí no he visto alguna.

Aquí mariposas sólo de las otras, y por montones. Pero de las flores, Héctor me contó que trajo de Cuba perfume y estaba delicioso. Yo no, cuando fui, sólo compré ropa en el Quitrín... Oye, por cierto, ¿es verdad que en las noches claras, se ve el destello de las luces de La Habana desde Mérida?

Del tema que nos ocupa, las mujeres dedicadas al hogar, van los siguientes párrafos:

Ya sé que también me recortas a mí con las mamás de los otros niños... Bueno, ni modo, es lo malo de llevar una vida azarosa.

Perdonarás que hable en primera persona sobre lo que escribiste de Magdalena, pero no pude evitar proyectarme y comparar mi vida con la de ella.

La nena, Karla, en el 93
Yo tampoco tengo una hija, y la deseo mucho. Mi hija "postiza" cumplió 21 este año, y sus tiempos de ser mi cómplice quedaron atrás. Hace mucho que nos pasábamos la tarde juntas preparando postres. La extraño, pero su vida ya es otra.

Yo sólo plancho camisas ocasionalmente -últimamente cada vez con más frecuencia-; por lo regular, son las de domingo, y luego hago el nudo de dos corbatas... Mis hombres salen muy curritos, bañados, rasurado el que lo requiere, con zapatos boleados, camisas albeando, pantalones con la raya marcada y oliendo a fresco... Yo, corro con el cabello a medio secar y la cara a medio maquillar (usualmente termino, si es que, mientras manejo).

Ana, Mariano y Héctor
Yo soy mucho muy desordenada, aunque atesoro y ejecuto la invaluable lección de una de mis maestras de primaria: "un lugar para cada cosa, y cada cosa en su lugar".

Soy controladora, ni modo. Me gusta saber dónde estoy.

Igual que Magdalena, yo no quiero limpiar cacas de perro... Y con veterinario en casa, me sorprende haberme salvado hasta ahora. Pero resulta que mi hijo adoptó tres gatos -mamá y críos-, y tenemos dos peces que a veces padecen por mi olvido para cambiarles al agua.

En serio busco qué tanto me puedo parecer a tu amiga. Yo llevo el desayuno a la recámara o al jardín, por razones de comodidad para ellos, que no para mí. Y luego, cuando en la tarde llueve, ando corriendo para quitar el mantel antes de que se moje.

Mi suegra no me visita. Y ahora, por coincidencia, hemos ido a comer con ella algunos domingos seguidos; a lo mejor se nos hace costumbre, pero es una costumbre cara... ¡y cansada!

De las lecturas, mi doc me pide que le lea... y también le leo a Mariano... ambos momentos los disfruto mucho.

A mí también me piden algo al momento que alguien toca la puerta o justo cuando acabo de sentarme a descansar un minuto... o cuando recién me serví un rico plato de comida caliente... o incluso cuando acabo de cerrar la puerta del baño... y qué decir, cuando ya está lista mi almohada para recibirme Morfeo... ¡justo en ese momento, se les ofrece algo, a cualquiera de los dos! Y bueno, ni modo, ahí voy de nuevo...

¡Oh no, creo que soy Magdalena!

Como frío; duermo por ratos; no uso tacones porque siempre ando cargando cosas; no uso uñas largas para no arañarlos; a veces debo recogerme el cabello para no echárselos en la cara; si vamos a salir debo pensar cómo me visto, porque si hay piñata debo tirarme al suelo por los dulces, si es día lluvioso no puedo llevar vestido largo porque se moja al agacharme, tampoco corto porque se me ven los calzones, y con escote se me ven las chichis... ay no, ¡pero qué pasó conmigo!

Hace años que no estoy sola un momento para mí.

Pero ¿sabes, amiga? Soy inmensamente feliz, como quizá nunca lo había sido. Una sola de las sonrisas de mi hijo me devuelve el alma. Uno solo de los besos de Héctor me hace sentir que hice la mejor elección. Y uno solo de mis amaneceres junto a ellos vale la vida entera. Hace como una semana, me sorprendí diciendo esta frase antes de abrir los ojos: soy muy feliz contigo, Héctor.

Gracias, amiga Zuemmy, por dejarme poner en letras todo esto... Gracias por darme el cue... Te quiero

Ana... Mónica... por hoy, Magdalena

domingo, 5 de marzo de 2006

Ahora quién soy?

Mi nombre es Héctor Manuel García Caballero, soy médico veterinario y zootecnista egresado de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. Me he especializado en la clínica de pequeñas especies (perros y gatos principalmente) y estuve desarrollando esta actividad durante más de doce años en la Ciudad de México, hasta que por razones evidentes la incapacidad me lo permitió.

Actualmente todavía continúo consultando a clientes y personas que me brindan su confianza y yo trato de ayudarles con los problemas en que muchas veces no encuentran diagnóstico acertado para sus mascotas.

He recibido buenas proposiciones sobre la edición de una publicación para niños: por medio de imágenes y un cuento breve buscaría crear consciencia y educar para el trato y la responsabilidad de tener mascotas.

También tengo la intención de hacer un espacio en Internét con fines útiles para los propietarios de las mascotas, que a la vez sea un medio de publicidad para el gremio veterinario. Un portal web con consejos e información veterinaria administrado por mí, para cuyo mantenimiento se solicitaría patrocinio de algunos laboratorios y empresas.

Todas estas proposiciones, comprendo, requieren fuerte inversión y un apoyo inicial con el cual no cuento ahora; sin embargo, me gustaría apoyar por medio de estos medios no sólo mi supervivencia, sino también buscar la manera de ayudar a otras personas que padecen esta enfermedad que yo tengo.

Breve historia de mi enfermedad


Ahora tengo la oportunidad de expresarme por mí y por muchas personas que padecemos esta extraña enfermedad llamada esclerosis múltiple. Esta es una enfermedad de las llamadas autoinmunes, porque es el mismo cuerpo quien lesiona en este caso al sistema nervioso central básicamente el recubrimiento de los nervios llamado mielina.

De acuerdo con la frecuencia, intensidad y duración de cada ataque, la esclerosis múltiple se clasifica como remitente recurrente -porque presenta brotes que pasan y pueden volverse a presentar como exacerbación es o con nuevas secuelas y presenta cierta recuperación después de cada brote-, o como progresiva, en la que el brote no remite, sino que continúa progresando con diferentes incapacidades; también hay una clasificada como secundaria progresiva, que inicialmente fue de brote remisión (remitente recurrente) pero cambió para hacer progresiva la incapacidad. Actualmente, se investiga intensamente sobre la enfermedad, con grandes esperanzas de acuerdo con los descubrimientos que continuamente se están haciendo alrededor de ella, pero desafortunadamente todavía falta mucho, pues se investiga tanto epidemiología como la misma patología de la enfermedad, con diferentes resultados.

Sin embargo, avances en el tratamiento hay muy pocos: el tratamiento actual trata de modificar el curso natural de esta enfermedad, desafortunadamente, con poco resultado.

Existen tratamientos para las secuelas, pero hoy por hoy el tratamiento indispensable para prevenir las complicaciones y rehabilitar en medida de lo posible, es la terapia física, que desafortunadamente en las condiciones que muchos nos encontramos no es fácil poder llevarla y en algunos casos pareciera imposible.


Donde fui diagnosticado y tratado los primeros años

http://www.innn.edu.mx/esclerosis.htm

Bohemio y jugador

Desde temprana edad aprendí algunos entretenimientos de baraja española y americana, pero con la mala suerte de nunca salir triunfante en el juego... Y con el trauma de ese méndigo dicho de que "afortunado en el juego, desafortunado en el amor", o viceversa... Pero ni una ni otra, en mi caso.

Varios años después de mi infancia, en mi alcoholescencia, volví a incursionar intensivamente en el juego durante largos e interminables fines de semana, que cursaban noches en vigilia, arañando el hígado con malas y regulares bebidas; y en ocasiones muy afortunadas, muy distinguidos tóxicos, pero ni el amor ni el juego se hicieron presentes.

Años más tarde, me convencí que el juego no era para mí, y el amor me parecía un lujo.